Tampoco podemos asegurar que no viene en tal fecha

Había leído el artículo en ingles, pero gracias por traducirlo, eso facilita la contestación [pondré la traducción abajo de este escrito]. De mi parte, puedo coincidir en el hecho de que no podemos saber el día y la hora de su llegada (aunque sí su víspera). Pero todo este escándalo que se ha armado con el 23 de septiembre sí creo que se debe aprovechar para que, como iglesia, recobremos la expectativa de su regreso inminente. Digo, es algo que la Biblia enseña que debemos tener: 

Estén vestidos, listos para servir y mantengan las lámparas encendidas, 36 como si esperaran el regreso de su amo de la fiesta de bodas. Entonces estarán listos para abrirle la puerta y dejarlo entrar en el momento que llegue y llame. 37 Los siervos que estén listos y a la espera de su regreso serán recompensados. Les digo la verdad, él mismo les indicará dónde sentarse, se pondrá el delantal y les servirá mientras están a la mesa y comen. 38 Puede ser que llegue en la mitad de la noche o durante la madrugada, pero cualquiera sea la hora a la que llegue, recompensará a los siervos que estén preparados.  39 »Entiendan lo siguiente: si el dueño de una casa supiera exactamente a qué hora viene un ladrón, no dejaría que asaltara su casa. 40 Ustedes también deben estar preparados todo el tiempo, porque el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo esperen». (Lc.12:35-40)

Este regreso sorpresa lo reitera en Mateo cuando dice:

Pero, en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre… »Por lo tanto, manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor. 43 Pero entiendan esto: Si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto para no dejarlo forzar la entrada. 44 Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen. (Mt.24:36-44)

Nótese que la cita de Mateo la dice después de dar todas las señales que precederían su regreso, cómo diciéndoles: “no se fíen por por conocer todas las señales que anteceden mi regreso, pues habrá un elemento sorpresa”… y lo reitera aún más cuando nos advierte que el mal siervo es el que piensa que Mi amo no regresará por un tiempo” (Lc.12:45)

La expectativa de su inminente regreso era clara en toda la iglesia primitiva a lo largo de todo Nuevo Testamento: La iglesia de Tesalonisenses se caracterizaba porque “esperan con ansias la venida” de Jesus (1Ts.1:10), de hecho, era el consuelo que tenía la iglesia en tiempo de persecución (2Ts.1:6-8; He.10:33-37), servía como motivación para el servicio (1Pe.5:1-4, 1Co.9:24-27; 1Ti.6:17-19), la perseverancia (He.10:36-37) y al sacrificio (He.11:8-40; 2Co.4:17-18) y la santificación (1Jn.3:3). La perspectiva que tenían los apóstoles era que el regreso sería en su tiempo, por eso daban estas expresiones:

Hagan todo esto estando conscientes del tiempo en que vivimos. Ya es hora de que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos. 12 La noche está muy avanzada y ya se acerca el día. (Ro.13:11-12)

y también:

Pues dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá, y no tardará. (He.10:37)

De hecho Pablo esperaba estar entre los vivos en el regreso de Jesús (1Co.15:51-52; 1Ts.4:15-17), y el frenesí entre la iglesia era tal que en vez de saludarse con un “Dios te bendiga” se saludaban con un “El Señor regresa” —Maranatha— (1Co.16:22). Muchos teólogos, de hecho, dicen que Pablo estaba tenía su teología equivocada porque creía que el rapto ocurriría durante su vida, y que, incluso hizo mucho daño a la iglesia por convencerla de que Jesús regresaría muy pronto. Yo no comparto esa opinión pues Jesús nos enseña que debemos esperar su regreso en todo momento, nos dice que esta expectativa debe ser un componente en el estilo de vida de todo cristiano.

Lamentablemente la expectativa de su regreso murió a partir de que la iglesia se unió con el imperio romano. Digo, la iglesia estaba “conquistando el mundo”, estaba “prosperando”, “seguramente entendimos mal” el mensaje de su venida. Además era políticamente incorrecto decir que “”Jesús vendría a derrocar a los reinos de este mundo —especialmente cuando los reinos de este mundo te están financiando. En el medievo, ¿que podemos decir? había una completa ignorancia de las escrituras y el enfoque se puso en el cielo y en el infierno, relegando por completo el asunto de su regreso. Con la Reforma protestante, el redescubrimiento del mensaje de la salvación por fe y el celo por purgar de la iglesia todos los abusos de la iglesia católica, dominaron por completo la agenda —relegando una vez mas el tema de su regreso. Con el avivamiento pentecostés-misionero la temática era “hay muchos por alcanzar, el Señor no puede venir todavía”… y con la temática de las afamadas iglesias de la prosperidad o la teología del dominio el enfoque total es el de “conquistar las diferentes esferas de la sociedad”, o el realizar “mis sueños, mis proyectos” vocacionales… así que “el señor no puede venir ahora”.

El problema con la muerte de la expectativa de su regreso que caracterizaba tanto a la iglesia primitiva, es que, no solo viola la instrucción de Jesús de que lo esperemos en cualquier momento, sino que produce varios efectos negativos que me gustaría que no pasáramos de largo:

1) Produce arraigo a este mundo

Ese día, la persona que esté en la azotea no baje a la casa para empacar. La persona que esté en el campo no regrese a su casa. 32 ¡Recuerden lo que le pasó a la esposa de Lot! 33 Si se aferran a su vida, la perderán; pero si dejan de aferrarse a su vida, la salvarán. 34 Esa noche, dos personas estarán durmiendo en una misma cama; una será llevada y la otra, dejada. 35 Dos mujeres estarán moliendo harina juntas en un molino; una será llevada, la otra será dejada». (Lc.17:31-35)

Nota la advertencia de Jesús en medio de un pasaje que habla del rapto, de su venida, es “cuidado a aferrarse [arraigarse] a esta vida como lo hizo la esposa de Lot”. Y es que ante idea de que el Señor no puede venir en cualquier momento sino que le faltan años, lo normal es que uno se arraigue a este mundo, a esta vida. Yo recuerdo que hubo un tiempo en mi vida en la que “resentía” la venida del Señor, pues no me gustaba la idea que “interrumpiera” mis proyectos y planes, de tan arraigado que estaba. Mi corazón estaba mal pues la Biblia enseña que debemos amar su venida (2Ti.4:8), pero no la amaba, y si el Señor hubiera venido en ese tiempo, seguro que hubiera reaccionado como la esposa de Lot. Por algo la Biblia enseña este desarraigo:

Déjenme decirles lo siguiente, amados hermanos: el tiempo que queda es muy breve. Así que, de ahora en adelante, los que estén casados no deberían concentrarse únicamente en su matrimonio. 30 Los que lloran o los que se alegran o los que compran cosas, no deberían ser absorbidos por sus lágrimas ni su alegría ni sus posesiones. 31 Los que usan las cosas del mundo no deberían apegarse a ellas. Pues este mundo, tal como lo conocemos, pronto desaparecerá. (1Co.7:29-31)

Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable 12 y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? (2Pe.3:11-12)

Es por eso que la Biblia nos enseña que somos “peregrinos y extranjeros” (He.11:13, 1Pe.1:17, 1Pe.2:11). El llamado que Jesús daba a los que querían ser sus discípulos era para que estuvieran dispuestos a sacrificar su vida por su causa (Mt.16:24-25). Y es que si no se da este desarraigo se tendrá un enfoque equivocado, y es precisamente la segunda desviación que ocasiona:

2) Produce un enfoque equivocado

El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. (Mt.13:22) 

Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. (Col.3:2) 

Tú dices: “Soy rico, tengo todo lo que quiero, ¡no necesito nada!”. Y no te das cuenta de que eres un infeliz y un miserable; eres pobre, ciego y estás desnudo. (Ap.3:17)

Cuando uno pierde de vista el regreso de Jesús y las recompensas que traerá con él, no queda otra meta mas que luchar por las recompensas que este mundo ofrece: bienes, riqueza, posición, fama, y el disfrutar los placeres de esta vida (1Jn.2:15-16; Stg.4:3-4). No que estas cosas estén mal en si mismas estas cosas, pero se vuelven malas si el enfoque o la meta son esas cosas. Y ese es el problema, como mucho no tienen presente el regreso de Jesús en su ecuación, viven para estas cosas, subastando así las riquezas y glorias eternas por bendiciones temporales. Y ni qué decir a la posibilidad de sufrir maltrato, incomodidad, vituperio, vergüenza o persecución por la Palabra de Cristo —simplemente son aspectos incompatibles cuando el enfoque está en esta vida. Pero como dice Pablo: “Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera solo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales.” (1Co.15:19). Podría contar todos los casos de consejería en los que cristianos vienen a nosotros sintiendo que sus vidas son miserables y que por lo mismo están siendo tentados a abortar su fe o su fidelidad a Dios porque no están viviendo las vidas que ellos esperaban vivir en su matrimonio, en su trabajo, etc. y es que esto es lo que produce el enfoque incorrecto: resentimiento a la voluntad de Dios y desobediencia, que es el tercer aspecto negativo que ocasiona esta falta de expectativa:

3) Produce desobediencia

¿Pero qué tal si el siervo piensa: “Mi amo no regresará por un tiempo” y comienza a golpear a los otros siervos, a parrandear y a emborracharse? 46 El amo regresará inesperadamente y sin previo aviso, cortará al siervo en pedazos y lo expulsará junto con los infieles. (Lc.12:45-46)

Nota como la incredulidad en el regreso inminente del Señor provocó la desobediencia de este siervo. Y es que si para lo que vives son los asuntos de este tiempo y de esta vida, es normal que en algún punto sacrifiques la obediencia de Dios, tu fidelidad a él, pues en muuuchas ocasiones esta se contrapondrán con tus intereses terrenales. Por ejemplo, si tu meta es obtener bendición y riqueza material, sacrificarás la obediencia a Dios cuando esta implique sacrificio o pérdida económica. Si tu meta es comodidad, sacrificarás la obediencia a Dios cuando esta implique sufrimiento. Si tu meta es “ser cabeza y no cola”, ¿que esperanzas de que consideres un honor el ser la “escoria de este mundo” por causa de Cristo (1Co.4:13) como lo hacía Pablo? Muchos se desvían de la fe por esto mismo, así como Demas:

Demas me abandonó porque ama las cosas de esta vida y se fue a Tesalónica. (2Ti.4:10)

Pero el que tiene la mirada en las cosas del cielo, y en las recompensas que Jesús traerá, no sacrifica su obediencia y fidelidad a Dios. Al contrario, sabe que la mayor recompensa y el verdadero éxito consiste en hacer la voluntad de Dios cuando es difícil, cuando nadie la aprecia, cuando implica sacrificio, humillación y despojo en este mundo (Fil.2:5-11)… es decir, es la antítesis del éxito que este mundo ofrece.

La expectativa de su regreso inminente produce buenos frutos

El argumento de que “la creencia en un regreso inminente de Jesús corta nuestros planes a largo plazo y corta nuestra influencia” solo se da cuando hay una falta de entendimiento de lo que implica el regreso de Jesús, porque cuando sabes que tu rango, riqueza y gloria eterna depende de lo que hayas hecho aquí para el Señor, ¡te movilizas porque te movilizas! pues no quieres presentarte delante de él con las manos vacías. En nuestra iglesia, la consciencia del regreso inminente de Jesús ha producido un entusiasmo y una urgencia a realizar las obras que él preparó de antemano para nosotros y que muchos no estaban haciendo, como lo muestra este video:

Un correcto entendimiento de su regreso nos enseña que, no solo que Dios nos pedirá cuentas por nuestras obras, sino que quiere encontrarnos chambeando para él:

¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual su señor deja a cargo de los de su casa para que los alimente a su debido tiempo? 43 Dichoso el siervo al que, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. (Lc.12:42-43)

Podemos apreciar la sabiduría de Dios al decidir que nadie supiera el día y la hora: Por un lado la expectativa de su regreso inminente: produce un desarraigo, una vida que se prepara para su venida y que busca incrementar la cuenta celestial, es decir, con un enfoque correcto; y por otro lado, Su incertidumbre: produce una buena mayordomía, pues tenemos que hacer previsiones (a corto, mediano y largo plazo) en caso de que no venga, y seguir chambeando. No podemos apartarnos de nuestras responsabilidades para recluirnos y esperarlo —cosa que produce la fijación de fechas.

Mr Brown, al decir con certeza que Jesús no vendrá el 23 de Septiembre desafía las palabras de Jesús que nos enseñan a esperarlo en todo momento y nos expone convertirnos en el mal siervo que, por su creencia en que “mi amo no regresará por un tiempo” (Lc.12:45), se arraiga a este mundo, pierde el enfoque y corrompe su fidelidad.  ¡Cuidado! No podemos decir que Jesús viene el 23, pero tampoco podemos asegurar que no viene en tal fecha.

Todas estas temáticas las tratamos a profundidad en tres series que pueden ver en youtube y que les invito a que vean:


“Lamento decirles que Jesús no vuelve el 23 de septiembre”
por Michael Brown

Sí, sería maravilloso que Jesús volviese por Su pueblo esta semana, pero eso no va a suceder, pueden contar con ello. La Segunda Venida no ocurrirá 23 de septiembre de este año.

¿Cómo puedo estar tan seguro? Me lo dice la Biblia, y no lo hace de forma ambigua y misteriosa.

Jesús explicó más bien a Sus seguidores lo que tenía que ocurrir antes de que Él volviera, y esas cosas todavía no han sucedido, ni pueden suceder en tan solo unos días. Ése es el motivo por el que estoy absolutamente seguro de que Su retorno no está programado para el 23 de septiembre de 2017.

Entonces, ¿qué opino sobre las afirmaciones del numerólogo cristiano David Meade, quien declara que los “versículos en Lucas 21:25 a 26 son señal de que los acontecimientos recientes, tales como el eclipse solar y el huracán Harvey, son señales del apocalipsis”? ¿Y qué pienso sobre la supuesta correspondencia entre Apocalipsis 12 y la alineación de Júpiter, el Sol y de la Luna?

La verdad es que no me molesto en pensar sobre estas cosas más que lo que pensé sobre la afirmación de que Jesús volvía entre el 11 y el 13 de septiembre de 1988, o la afirmación de que el Día del Juicio venía el 6 de septiembre de 1994, o la afirmación (hecha por el mismo autor que predijo la fecha de 1994) de que Jesús volvería el 21 de mayo de 2011.

No existía la más mínima prueba bíblica para apoyar estas afirmaciones, y había una montaña de pruebas en contra de las mismas. En tal caso, ¿por qué molestarnos en pensar sobre ello?

“Pero”, tal vez pregunte, “¿Acaso Jesús no dijo que nadie sabrá el día o la hora de Su retorno? Si es así, ¿cómo puede usted estar tan seguro de que no volverá el 23 de septiembre?”

Primero, el hecho de que Él diga que nadie conoce el día ni la hora de Su retorno (Mateo 24:36) significa que es una total insensatez predecir un día específico. Si Jesús dice que nadie conoce el día, debemos dejar de predecir días específicos. Es muy sencillo.

En segundo lugar, Jesús dijo que no podríamos conocer el día ni la hora específica en que Él iba a volver. Él no dijo que no podríamos saber cuándo Él no iba a volver.
En otras palabras, si me subo un a barco para navegar a través del Atlántico de Nueva York a Londres, tal vez no puedan saber la hora exacta de mi llegada. Pero pueden ciertamente saber que no llegaré en uno o dos días, ya que se tarda más que eso en cruzar el océano a barco.

Así pues, Jesús habló de la gran agitación en el mundo (mucho mayor que cualquier cosa que hayamos visto hasta ahora) y grandes señales cósmicas (otra vez, sin precedentes), aunque Pablo escribió sobre acontecimientos importantes del mundo que iban a ocurrir antes del retorno del Señor (véase, por ejemplo, Lucas 21 y 2 Tesalonicenses 2).

Los profetas del Antiguo Testamento también pintaron imágenes de lo que podríamos esperar antes del final del siglo, y está claro que sus palabras todavía no se han cumplido (ver, por ejemplo, Zacarías 12 y 14).

Pero esto no significa que debemos acomodarnos y decir “El Señor retrasa Su
venida” (ver Lucas 12:45). Dios no lo quiera.

Más bien debemos siempre vivir preparados para encontrarnos con el Señor, y debemos esforzarnos con todas nuestras fuerzas en tener impacto para Él, dado que solo tenemos una vida para alcanzar nuestra generación. Como dijo una vez uno de mis colegas: “No sé si ésta es la última generación. Pero es nuestra última generación”.

Hay quienes creen que habrá un rapto secreto que se podría producir en cualquier momento, cuando cientos de millones de cristianos desaparecen repentina y secretamente de la tierra, que supuestamente sucederá sin ninguna señal definida. En otras palabras, que esto podría suceder tanto hoy como cualquier otro día, puesto que su momento oportuno es imprevisible. Entonces, ¿por qué nos molestamos en hacer predicciones?

Por supuesto, debemos entender los tiempos en los cuales estamos viviendo y saber lo que debemos hacer (ver 1 Crónicas 12:32). Y debemos estar sobrios y alerta para no dormirnos en la luz.

Pero dejemos de hacer predicciones absurdas. No sólo nos hacen parecer necios a los ojos del mundo, sino que además nos roban de una perspectiva multi-generational, puesto que estamos siempre pensando: “Jesús viene en cualquier momento”, en lugar de pensar y planear a largo plazo.

Por eso, no resulta sorprendente que hayamos perdido tanto terreno moral y cultural en décadas recientes. Mientras que nuestros opositores ideológicos están planeando con antelación, nosotros estamos planeando nuestra escapatoria.

En los últimos años, he hablado con líderes y creyentes sobre la importancia de desarrollar una mentalidad multi-generational, y el impacto de esos mensajes ha sido muy profundo.

Tristemente, este mensaje es desconocido para muchos cristianos de hoy, y por eso dediqué un capítulo entero al tema en Saving a Sick America: A Prescription for Moral and Cultural Transformation (Salvación de una América enferma: Receta de transformación moral y cultural). Si hemos de cambiar América para bien, solamente podemos hacerlo mediante el pensamiento multi-generational.

Recordando mi propia trayectoria, yo llegué a la fe en 1971 a la edad de 16, y nos dijeron que Jesús iba a regresar en cualquier momento. ¡Las señales de los tiempos estaban todas allí! No podíamos imaginar que, en 2017, todavía íbamos a estar aquí y mi esposa y yo tendríamos una nieta de 16 años.
No repitamos hoy el mismo error.

Vivamos, más bien, con disposición, urgencia, enfoque, propósito y con un plan a largo plazo y multi-generational. Y si el Señor decide interrumpir nuestros planes a lo largo del camino con Su retorno, esto sería algo bienvenido.

¡Ven, Señor Jesús! Anhelamos ver Tu retorno. Hasta entonces, permaneceremos ocupados y pasaremos la antorcha a las generaciones por venir.