Juicio sobre un Pueblo

Comencemos analizando estos dos pasajes:

 »¡Oh Jerusalén, Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas y apedrea a los mensajeros de Dios! Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina protege a sus pollitos debajo de sus alas, pero no me dejaste. 38 Y ahora, mira, tu casa está abandonada y desolada.[a] 39 Pues te digo lo siguiente: no volverás a verme hasta que digas: “¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor!”». (Mateo 23:37-39)

y

Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos? 10 Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. (Jonás 3:6-10)

Jerusalén fue efectivamente destruida en el año 70 dC. ¿Pero que diferencia hay entre este caso y el caso de Ninive con Jonás, o el caso de Sodoma y Gomorra con Abraham?

En el caso de Nínive y Jerusalén, en ambos Dios envió mensajeros predicando el arrepentimiento. En el caso de Nínive, con Jonás, y en el caso de Jerusalén, con Juan el Bautista, con Jesús y los apostoles. En ambos casos el pueblo respondió al llamado de arrepentimiento (Jonás 3:5; Mateo 3:4-6 y Hch 2:41). ¿Cuál es la diferencia entonces?

1) Por un lado parece ser que en Nínive fue un arrepentimiento más generalizado que el de Israel. Jesus reclama a ciudades por su falta de arrepentimiento (Mateo 11:20-24), pero aún así hubo cientos y miles de arrepentidos. Tal así que con la primera predicación de Pedro se convirtieron unas 3000 personas y luego unas 500mil, y en múltiplos de miles fueron aumentando los números de creyentes.

2) La segunda diferencia, y creo que es la mas crucial de todas, es que el liderazgo de Ninive si respondió al mensaje y se arrepintió (Jonás 3:6), mientras que el liderazgo en los tiempos de Jesús, no solo no se arrepintió, sino que se opuso al mensaje vehementemente (Mateo 21:28-32, 23:1-39, 12:14, Juan 12:42, 43;  Hechos 4:5-22). Fijémonos en  el contraste:

“Cuando el rey de Nínive se enteró  del mensaje, se levantó de su trono, se quito su manto real, hizo duelo y se cubrió de ceniza” y “…Ordena así mismo que cada persona se convierta de su mal camino y sus hechos violentos…” ( Jonas 3:6-8)

“Muchos de los judíos que habían ido a ver a María y que habían presenciado el hecho por Jesús, creyeron en él. Pero algunos de ellos fueron a ver a los *fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron a una reunión del *Consejo. –¿Qué vamos a hacer?–dijeron–. Este hombre está haciendo muchas señales milagrosas. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él…. Así que desde ese día convinieron en quitarle la vida” (Juan 11:45-53)

y:

“Al día siguiente se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los maestros de la ley. Allí estaban el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y los otros miembros de la familia del sumo sacerdote… se pusieron a deliberar entre sí: ‘¿Qué vamos a hacer con estos sujetos?’ Es un hecho que por medio de ellos ha ocurrido un milagro evidente… pero para evitar que este asunto siga divulgándose entre la gente, vamos a amenazarlos para que no vuelvan a hablar de ese nombre a nadie.’ Los llamaron y les ordenaron terminantemente que dejaran de hablar y enseñar acerca del nombre de Jesús. (Hechos 4:5-18).

y en la oración de los primeros creyentes testificaban que eran los lideres los que se oponían:

Al quedar libres, Pedro y Juan volvieron a los suyos y les relataron todo lo que les habían dicho los jefes de los sacerdotes y los ancianos. Cuando lo oyeron, alzaron unánimes la voz en oración a Dios: ‘Soberano Señor, creador del cieo y de la tierra, del mar y de todo lo que hay en ellos, tu por medio del Espíritu Santo, dijiste en labios de nuestro padre David tu siervo: ‘¿Por qué se sublevan las naciones y en vano conspiran los pueblos? Los reyes de la tierra se rebelan y los gobernantes se confabulan contra el Señor y contra su ungido.’ (Hechos 4:23-26)

En el caso de Sodoma y Gomorra (Gn 18:32-19:1-29), Abraham en su dialogo-intercesión por dichas ciudades, Dios le responde que si hubiera 10 justos en esa ciudad no la destruirá. –obviamente fue destruida porque no había ni aún 10 justos. ¡Pero en el caso de Jerusalén, había más de 8mil justos, creyentes del evangelio, y aun así fue destruida!… [Aqui hay que aclarar que, al igual que la historia de Lot, los cristianos en Jersualen pudieron escapar la destrucción de la ciudad gracias a las advertencias de Jesús: “Cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que su desolación ya esta cerca. Entonces los que estén en Judea huyan a las montañas, los que estén en la ciudad salgan de ella…” (Lucas 21:19-21). Aunque los cristianos lograron librar su vida, no lograron librar su ciudad]

¿Será que un mal liderazgo pueda traer la destrucción de un pueblo cuya gran parte de la población sí ha accedido a arrepentirse? ¿Será que los pecados del liderazgo puedan causar la debacle de un pueblo inocente? o ¿Será que no hubo nadie que se pusiera en la brecha a favor de Jerusalén? Con tanto cristiano adentro y con testimonios como los de Pablo en lo que afirma que se ponía a orar por su pueblo (“Hermanos, el deseo de mi corazón, y mi oración a Dios por los israelitas, es que lleguen a ser salvos” Romanos 10:1). Definitivamente la falta de intercesión no es el caso. ¿Entonces los pecados de un mal liderazo los condujo a la destrucción? Hay un caso en la Biblia que nos puede ayudar a contestar estas preguntas: 1 Samuel 24:1-17 o 1 Crónicas 21:1-17:

En esa caso David realizó un censo militar, al parecer, para gloriarse de sus números antes que de Dios. Esto desagradó a Dios y le manda decir por medio de un profeta que escogiera el castigo por su pecado:

“Gad fue a donde estaba David y le dijo: –Así dice el Señor: ‘Elige una de estas tres cosas: tres años de hambre, o tres meses de persecución y derrota por la espada de tus enemigos, o tres días en los cuales el Señor castigará con peste el país, y su ángel causará estragos en todos los rincones de Israel.’ Piénsalo bien y dime qué debo contestar al que me ha enviado.

David escogió:

“…mejor es que caiga en las manos del Señor, porque su amor es muy grande, y no que caiga en las manos de los hombres.”

Por tanto, el Señor mando contra Israel una peste, y murieron setenta mil israelitas. Luego envió un ángel a Jerusalén para destruirla, ¡siendo que los israelitas nada tuvieron que ver con el pecado de su líder!, pero como podemos ver en este caso, los pecados de los líderes sí pueden causar la destrucción de un puebloEsto ocasionó la debacle de Israel en el año 70 dC. porque aunque una gran parte del pueblo se arrepintió y acepto a Jesús como su Mecías, el obstinado rechazo de los líderes y su vehemente oposición al mensaje de arrepentimiento y salvación desataron el juicio que produjo su destrucción.

Creo este principio lo podemos ver en cualquier organización o institución… Los errores y pecados de las personas en autoridad pueden traer la destrucción de aquello aquello sobre lo que gobiernan. ¿O no hemos visto acaso familias destruidas por los pecados de un padre, o empresas ir a la quiebra por el mal manejo de su director? y los miembros de dichas organizaciones sufren dichos errores y pecados, y por mas que ellos se arrepientan, si los líderes no cambian seguirán sufriendo los pecados de estos. Lo mismo pasa con los gobernantes en la política y en cualquier otra área.

Seguramente algunos dirán “¿y qué del pasaje que dice: ‘si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convierten de sus malos caminos; entonces yo oiré de los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra (2Co 7:14)?”

Tenemos que recordar que ese pasaje se lo dio un pueblo que ocupaba los lugares de autoridad en su nación (eran reyes, sacerdotes, comerciantes, etc.). Tu arrepentimiento solo produce efectos sobre las áreas en las que estas puesto como autoridad (sobre las áreas en las que gobiernas o ejerces dominio), por eso no es de extrañarse Dios prometiera sanar la tierra, porque si el pueblo que invoca su nombre, el cual incluye a sus líderes, se humillaren y se arrepintieren, Dios perdonaría sus pecados y sanaría la tierra… como lo hizo también con Ninive.

En nuestro caso, en México, nuestros líderes no invocan a Dios ni temen su nombre. ¿Servirá de algo el arrepentimiento de un pueblo cuyos líderes se oponen a Dios con corrupción? Por lo que leo en la Biblia, no, no servirá para sanar la tierra. Servirá para que dicho pueblo salve su propia vida como los cristianos en el año 70, o como Lot, pero no para que Dios sane y perdone a la ciudad.

¿Que se debemos hacer entonces? es aquí donde la actividad profética de la iglesia adquiere mayor importancia. El profeta no solo anunciaba las cosas por venir, sino que denunciaba los pecados del pueblo y los líderes buscando su arrepentimiento. Juan el Bautista lo hizo, e incluso reprendió a Herodes por tomar la mujer de su hermano, lo que le valió su encarcelamiento (Mr 6:17-18). Jesús también hablo severamente contra los líderes de su época –y a la luz de todo esto ahora entiendo porque fue tan severo, pues el sabía que ellos podían ocasionar la destrucción de su pueblo si no se arrepentían–. De hecho Jesús aseveró de su función como profeta “El mundo no tiene motivos para aborrecerlos; a mi, sin embargo, me aborrece porque yo testifico que sus obras son malas” (Juan 7:7).  Y lo mismo paso con profetas como Jeremías, Ezequias, Daniel, etc. que a los líderes de su tiempo, y no solo al pueblo, llamaron al arrepentimiento.

Hace unos días fue el evento Oremos por México, y si algo falto a ese evento, fue esa función profética de la iglesia para llamar al arrepentimiento, no solo al pueblo cristiano, sino a los miembros del gobierno que, incluso, estaban allí en el podium. Las palabras para el gobernador dada a sus representantes fueron “Díganle que lo amamos, que estamos orando por él y que estamos con la estrategia que traiga para combatir el crimen” –palabras más, palabras menos– ¿Algún llamado al arrepentimiento? ¿Alguna reprensión por los actos de corrupción que el pueblo sabe que su padre realiza en su administración –entre otras cosas–? Ninguno

Creo que no aun estamos muy lejos de entender la gravedad que nuestro Señor ve en los pecados nuestras autoridades.